Inclusión: atender la diversidad para garantizar una educación para todos
No es nueva la idea de la inclusión, pero en las últimas décadas vemos cómo se va abriendo paso en la normativa y en la práctica educativa promovida por los organismos internacionales y por los gobiernos, que entienden que la educación es un derecho universal que se convierte en la base del desarrollo personal de cada uno de los ciudadanos, pero también del país.
La UNESCO (2008) define educación inclusiva como "un proceso que permite abordar y responder a la diversidad de las necesidades de todos los educandos, a través de una mayor participación en el aprendizaje, las actividades culturales y comunitarias y reducir la exclusión dentro y fuera del sistema educativo".
Autores como Mel Ainscow describían ya, a inicios del milenio, los ejes de la escuela inclusiva, en la que todos los alumnos, con sus características específicas, debían participar junto a los docentes y los padres en una misión común, con el foco puesto en el aprendizaje y la creación de un clima adecuado para que éste se produzca.
Los ejes de la escuela inclusiva. Fuente: adaptado de Ainscow (2001).
Una herramienta para mejorar la equidad educativa
En la Guía para asegurar la inclusión y la equidad en la educación, basada en la investigación internacional y las mejores prácticas inclusivas en educación, elaborada con el asesoramiento y participación de expertos, formadores docentes, investigadores y responsables de políticas educativas, la UNESCO (2017) pone en manos de los gobiernos y de los responsables de articular los sistemas educativos en colaboración con sus actores (expertos en currículum, formadores docentes, docentes, alumnos, padres y asociaciones) una herramienta para:
Examinar la equidad y la inclusión en las políticas en curso.
Decidir qué medidas son necesarias para mejorar las políticas y su aplicación para conseguir sistemas de educación inclusivos y equitativos.
Monitorear el progreso conforme se vayan tomando las medidas.
A pesar de los numerosos tratados y textos internacionales (por ejemplo, el artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1960), la Convención sobre les Derechos del Niño (1989) o la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006) entre otros), aún hoy hay que reivindicar una educación para todos, independientemente de la raza, el sexo, el contexto socioeconómico y cultural, la diversidad funcional o de capacidades, la religión o cualquier otra característica personal o social; tarea que lidera la UNESCO en su papel de coordinación de la Agenda de Educación 2030.
En nuestro ámbito más cercano, no está en duda la educación al alcance de todos los niños y niñas, pero sí que es necesario seguir reivindicando una educación de calidad y equitativa para aquellos con diversidad de competencias, capacidades y funcionalidad.
La inclusión educativa no consiste en compartir el mismo espacio, sino en proveer a cada alumno de lo que necesita, en el momento que lo necesita; ya que el verdadero objetivo es la inclusión social, es decir, desarrollar al máximo las competencias necesarias para poder incorporarse al mundo adulto y laboral con el máximo de autonomía posible.
Esta información es de carácter divulgativo y no sustituye la tarea de los equipos profesionales de la salud. Si necesitas ayuda, ponte en contacto con tu profesional de referencia.
Ainscow, M. (2001). Desarrollo de escuelas inclusivas: Ideas, propuestas y experiencias para mejorar las instituciones escolares. Narcea Ediciones.
Oficina Internacional de Educación de la UNESCO. (2008). La Educación inclusiva: el camino hacia el futuro, documento de referencia. 48ª Conferencia Internacional de Educación, Geneva, Switzerland. Disponible en: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000162787_spa
La mayoría de niños desearía no tener que hacer nunca más los deberes de la escuela, pero ya que esto difícilmente lo podrán evitar, ayudémosles a hacer los deberes con estos consejos prácticos.
Durante el primer año de vida, el niño juega explorando e interactúa con el mundo que le rodea con los cinco sentidos para comprenderlo. La mayor parte de su juego consiste en coger objetos y ponérselos en la boca, agitarlos, golpearlos o tirarlos.
Si cuando tu hijo era un bebé ya lo veías como un pequeño científico utilizando sus cinco sentidos y descubriendo el mundo que le rodea, ahora que tiene entre 1 y 3 años es verdaderamente un gran ingeniero y trata de entender cómo funcionan estos objetos.
La Escola de Salut SJD junto con Henka, organiza este taller vivencial y práctico sobre Disciplina Positiva, donde descubriremos cómo aplicar los principios de la Disciplina Positiva en todas las etapas del desarrollo de niños y adolescentes, fomentando una relación sana, respetuosa y enriquecedora con nuestros hijos.