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Microbiota y cáncer infantil: cómo cuidarla durante y después de un tratamiento oncológico

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Cada vez escuchamos más hablar de la microbiota, pero ¿sabemos realmente qué es y por qué es tan importante cuidarla, especialmente en niños y adolescentes que han pasado por un proceso oncológico?

 

Desde la Unidad SEGUIM del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona, y en el marco del proyecto Seguim en Forma, queremos acercar este concepto a las familias con un mensaje claro: no todo está bajo nuestro control, pero sí hay hábitos cotidianos que pueden ayudar a proteger la salud intestinal y general de nuestros hijos e hijas.

 

¿Qué es la microbiota y por qué es importante cuidarla?

La microbiota está formada por millones de microorganismos que viven principalmente en nuestro intestino, aunque también están presentes en la piel, la boca o las mucosas. Lejos de ser “enemigos”, estas bacterias cumplen funciones esenciales:  

 

  • Ayudan a digerir los alimentos.
  • Colaboran en la producción de vitaminas (como la K y algunas del grupo B).  
  • Participan en la defensa frente a infecciones.

 

Tras tratamientos como la quimioterapia o el uso frecuente de antibióticos, la microbiota puede verse alterada. Por eso, cuidarla es especialmente relevante durante el seguimiento de un proceso oncológico, aunque los hábitos que la protegen son beneficiosos para toda la población.

 

Es importante recordar que los primeros años de vida son clave para su desarrollo, pero también que la microbiota puede modularse a lo largo de toda la vida mediante la alimentación, la actividad física y el entorno.

 

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Alimentación y microbiota: ¿qué debemos tener en cuenta?

Cuando hablamos de cuidar la microbiota desde la alimentación, hay dos conceptos que conviene entender bien:

 

  • Prebióticos: son el “alimento” de las bacterias beneficiosas. Se encuentran sobre todo en la fibra vegetal.
  • Probióticos: contienen bacterias vivas beneficiosas, como Streptococcus thermophilus, Lactobacillus bulgaricus, Lactobacillus casei o Bifidobacterium, presentes en yogures y algunos alimentos fermentados, como el kéfir.

Es importante recordar que, en niños y niñas en tratamiento oncológico o con neutropenia, el consumo de probióticos vivos debe consultarse con el equipo médico, ya que no siempre están indicados.

 

Alimentos que ayudan a la microbiota

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Imagen de Freepik

 

Alimentos que conviene limitar

Los productos ultraprocesados, ricos en azúcares, grasas saturadas o edulcorantes, pueden alterar el equilibrio de la microbiota y favorecer el crecimiento de bacterias menos beneficiosas. No se trata de prohibir, sino de reservarlos para ocasiones puntuales y no tenerlos como opción habitual en casa.

 

Un aliado poco conocido: el almidón resistente

Algunos alimentos ricos en almidón, como el arroz, la pasta o la patata, cuando se cocinan y se enfrían, generan almidón resistente. Este tipo de fibra no se digiere completamente y llega al intestino grueso, donde sirve de alimento para las bacterias beneficiosas y ayuda a reducir los picos de glucosa tras las comidas.

 

Incluir este tipo de preparaciones es una forma sencilla y práctica de apoyar la microbiota sin cambiar radicalmente la dieta habitual.

 

Estrategias prácticas para el día a día

Llevar estas recomendaciones a la práctica no siempre es fácil, especialmente tras un proceso de enfermedad. Algunas estrategias que suelen ayudar son:

 

  • Hacer una lista de verduras aceptadas y repartirlas a lo largo de la semana, aunque sea en pequeñas cantidades.
  • Cambiar progresivamente a cereales integrales, probando distintas opciones hasta encontrar las más aceptadas.
  • Planificar un menú semanal básico, que sea variado y que ayude a no olvidar grupos importantes como las legumbres. Las cantidades recomendadas son las siguientes:  
    • Verdura: en todas las comidas y cenas.
    • Carne: 3-4 veces a la semana, 1 vez carne roja.
    • Pescado: 2-3 veces a la semana.
    • Huevo: 3-4 veces a la semana.
    • Legumbres: 3-4 veces a la semana. Los días de legumbres no hace falta introducir proteína animal.
    • Pasta/cuscús: 2-3 veces a la semana.
    • Arroz: 2-3 veces a la semana.
    • Patata/boniato/yuca: 2-3 veces a la semana (se puede utilizar cualquiera de los tres).
    • Quinoa, pan, plátano, maíz: 2-3 veces a la semana (se puede utilizar cualquiera de los tres).
  • Implicar a los niños y adolescentes en la compra, la cocina y la planificación de las comidas.
  • Dar ejemplo desde la familia: comer juntos y compartir los mismos platos refuerza hábitos saludables.
  • Cuidar el entorno: si ciertos productos no están en casa, es más fácil establecer límites sin conflicto.

 

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Imagen de Freepik

 

Muchas veces, el éxito no depende solo de la comida, sino del contexto, las rutinas y la coherencia familiar.

 

Cuidar la microbiota no va de hacerlo perfecto, sino de sumar pequeños gestos sostenidos en el tiempo. Una alimentación variada, rutinas estables y un entorno familiar coherente pueden marcar la diferencia en la salud y el bienestar de niños, adolescentes y de toda la familia. 

 

Imagen de portada de Freepik

Esta información es de carácter divulgativo y no sustituye la tarea de los equipos profesionales de la salud. Si necesitas ayuda, ponte en contacto con tu profesional de referencia.

Publicación:  12/02/2026 Última modificación:  12/02/2026
microbiota · cáncer · hábitos saludables
Joana Toran
Joana Torán Pascual
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Dietista nutricionista. Servicio de Endocrinología del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona. Unidad SEGUIM. 

Servicio de Endocrinología
mari_molero
Mari Molero Solis
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Enfermera. Coordinadora Unitat SEGUIM.

Servicio de Oncología

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