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Noia amb vapejador

¿Cómo evitar que los jóvenes comiencen a fumar?

Noia amb vapejador

La batalla contra el tabaquismo continúa viva con el auge de nuevas formas de consumo, como los vapeadores, especialmente entre los más jóvenes. Expertos de Sant Joan de Déu explican qué podemos hacer para prevenir esta adicción.

 

El cenicero se extingue. Lo que antes se consideraba un accesorio cotidiano del menaje de cocinas y salas de estar, indispensable en cualquier bar o incluso, un socorrido souvenir de las vacaciones de verano familiares, ha pasado a convertirse en un complemento decorativo vintage, recuerdo de una época pasada en la que el tabaco era considerado una especie de tentempié del que disfrutar, a solas o acompañado, y que llegó a ser un hábito diario para la mitad de la población adulta en la España en la década de 1980. 

 

No es el único ejemplo. En el imaginario colectivo, el tabaco ha alcanzado la categoría de seña de identidad y a menudo se interpreta como síntoma de personalidad, especialmente en los círculos sociales de los jóvenes. Hasta hace unos años, también era habitual encontrar cigarrillos y puros de chocolate en las tiendas de golosinas, destinados al público infantil, que imitaban el diseño de las cajetillas reales. 

 

Desde entonces, las políticas de salud pública han conseguido importantes avances en el control del tabaquismo. Con el cambio de siglo, la puesta en marcha de diferentes iniciativas antitabaco a nivel internacional desencadenó la creación del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) en España, impulsor del primer Plan Nacional de Prevención y Control del Tabaco aprobado en 2003. 

 

Además de la regulación de la venta y el consumo, los primeros planes integrales contra el tabaquismo pusieron el foco en la publicidad, el patrocinio y la promoción. Sin embargo, el mayor impacto llegó en 2011 con la entrada en vigor de la prohibición de fumar en espacios públicos cerrados, incluidos todos aquellos dedicados a la hostelería, centros sanitarios y espacios escolares, lo que supuso un golpe maestro a uno de los principales elementos del éxito del tabaco: su carácter social.   

 

Las estadísticas oficiales demuestran que la adicción a la nicotina se sitúa en mínimos históricos. La percepción social del tabaco y sus riesgos lo han convertido en un hábito en declive a nivel mundial. El último informe publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2023 confirma la tendencia a la baja de las últimas décadas y en la actualidad ya solo una de cada cinco personas es fumadora. 

 

Sin embargo, el tabaco continúa siendo la principal causa de muerte prematura prevenible y es un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y respiratorias, además de diversos tipos de cáncer. Está implicado en la muerte de 8 millones de personas anualmente en todo el mundo y por ello, es uno de los principales ámbitos de trabajo en salud pública a nivel mundial. Tanto es así que el gobierno del Reino Unido acaba de aprobar una ley que prohíbe la venta de tabaco a cualquier nacido después de 2008. La denominada Ley de Tabaco y Vapeo prohibirá la venta de tabaco, cigarrillos electrónicos o cualquier otro producto con nicotina a todos los nacidos después de 2008. La medida pretende acabar con el tabaquismo en la próxima generación adulta, ya que los ciudadanos nacidos en 2009 tienen ahora 15 años, y prevé haber conseguido eliminar por completo el hábito entre la gente joven para el año 2040. 

 

Vapeadores, la última frontera

La batalla contra el tabaquismo continúa viva y, a pesar de los esfuerzos en prevención, el éxito de la nicótica es todo un reto. Los métodos de consumo habituales han evolucionado para adaptarse a los gustos y tendencias de las nuevas generaciones. Al mismo tiempo que los ceniceros van desapareciendo, proliferan nuevas formas de consumo como los cigarrillos electrónicos, los vapeadores o las pipas de agua (cachimbas o shishas), especialmente entre los más jóvenes, que hacen peligrar la sanción social del tabaco.

 

El mercado de los vapeadores está claramente dirigido a captar al público más joven. Como ocurre con el resto de sustancias psicoactivas, su consumo se inicia en la adolescencia y es la primera a la que los adolescentes acceden, con 16 años de media en España. Los canales y puntos de distribución también se adaptan a los nuevos tiempos y salen en busca del consumidor en festivales de música y conciertos, mediante el patrocinio de influencers en redes sociales y, por supuesto, a través de la venta directa en Internet. 

 

Bajo una apariencia inocua, un diseño atractivo y una amplia oferta de sabores frescos que se alejan de la idea tradicional que existe del tabaco, la industria tabacalera ha conseguido sortear algunas barreras legales y sociales, como su consumo en espacios interiores o incluso, su venta a menores de edad. Así lo confirman también los últimos datos publicados por el Ministerio de Sanidad (ESTUDES, 2023), donde se recoge que el 25% de niños y niñas de entre 12 y 13 años ha fumado alguna vez un cigarrillo electrónico. Su capacidad adictiva también despierta preocupación. Además de representar un método capcioso de iniciación al hábito tabáquico, diversos estudios muestran que los adolescentes que vapean tienen el triple de probabilidades de convertirse en adultos fumadores.

 

 

El tabaco afecta de forma diferente a los adolescentes, ya que sus cerebros son más sensibles y los receptores cerebrales implicados en el aprendizaje se ven más afectados por la nicotina. Incluso niveles bajos de exposición a la nicotina pueden hacer que los adolescentes sean más proclives a otras sustancias adictivas, conductas de riesgo y el desarrollo de problemas de salud mental. 

 

En consecuencia, la OMS dedica la celebración del Día Mundial sin Tabaco 2024 a la protección de niños y niñas de las interferencias de la industria tabacalera. El reto es doble. Por un lado, el más evidente, prevenir y concienciar de los efectos nocivos de estos productos para la salud. El estilo de vida es uno de los determinantes más significativos para la salud humana y el tabaco, considerado como una droga estimulante con una enorme capacidad adictiva, actúa como factor de riesgo en el desarrollo de múltiples enfermedades, también infantiles. 

 

Por el otro lado, el ineludible impacto medioambiental de los residuos derivados de su consumo. Las colillas son una de las formas más comunes de basura y contienen químicos que pueden contaminar el suelo y el agua, y los dispositivos de vapeo, a menudo hechos de plástico y metal, también contribuyen a los desechos electrónicos, que son difíciles de reciclar y pueden liberar toxinas al descomponerse, señala Elena Codina, pediatra responsable de la Unidad de Salud Medioambiental del Hospital Sant Joan de Déu. La producción de tabaco y vapeadores requiere recursos naturales, contribuyendo a la deforestación y al uso intensivo de agua. En resumen, fumar y vapear no solo perjudican la salud de los usuarios y sus familias, sino que también afectan la salud de nuestro planeta, afirma la pediatra.

 

¿Por qué fumamos? La química de la nicotina

La nicotina es un compuesto natural de la familia de las plantas solanáceas, entre las que se incluyen la berenjena, el pimiento, el tomate, la patata y también el tabaco. Sin embargo, los niveles de nicotina en la planta de tabaco son sustancialmente más altos que en el resto. Sabemos que la nicotina es una sustancia química estimulante altamente adictiva y que su consumo en productos como el tabaco genera dependencia

 

Los efectos que produce la nicotina se parecen mucho a los de otra sustancia química, la acetilcolina, que se produce de forma natural en nuestro organismo y que desempeña un papel importante en el estado de alerta, la atención, el aprendizaje y la memoria. Estos efectos son pasajeros y no muy distintos de los que se experimentan al tomar café o ver una película de terror. Aunque es un estimulante, puede tener efectos diferentes. Las dosis pequeñas incitan sensación de alerta y celeridad, pero en mayores cantidades, puede provocar relajación.
 

Sin embargo, los expertos en salud pública de todo el mundo concluyen que los tóxicos generados por la combustión del tabaco, y no la nicotina, son la causa principal de enfermedades relacionadas con el tabaquismo. Hay alrededor de 7.000 sustancias químicas en humo de tabaco, de nicotina es una de ellas. 

 

En el caso de los vapeadores resulta más incierto. La gran variedad de fórmulas y sabores hace que los ingredientes sufran cambios cuando se calientan. La doctora Elena Codina explica que los vapeadores, aunque se perciben como menos perjudiciales, liberan químicos que pueden dañar los pulmones y el sistema cardiovascular, entre otros efectos.

 

Los efectos del tabaco no sólo son perjudiciales para los fumadores. Existe evidencia científica de que la exposición al tabaquismo pasivo en general, y en los bebés en particular, es una causa importante de aumento de enfermedades y mortalidad. Según destaca la pediatra, los niños expuestos al humo tienen más riesgo de desarrollar asma, infecciones de oído e incluso síndrome de muerte repentina infantil

 

¿Podemos evitar que nuestros hijos fumen?

Para muchos padres y madres, incluso para aquellos exfumadores, la llegada de la adolescencia hace saltar las alarmas y la preocupación por las conductas de riesgo, entre ellas el tabaco ¿Qué lo hace tan atractivo para los jóvenes?, ¿es una forma de rebeldía o realmente sus riesgos siguen pareciendo tan superfluos? y, sobretodo, ¿cómo podemos disuadirlos del tabaco?

 

En la Generación Z, la puerta de entrada al tabaco es el vapeo y esa primera calada puede dar paso al consumo de otras sustancias. Las redes sociales también juegan un papel difusor de la industria tabacalera. Además de la imagen del tabaco cultivada por la cultura pop en la música y la televisión, redes como Instagram o TikTok promueven una idea positiva, segura y divertida del vapeo con vídeos que muestran técnicas y trucos. Del mismo modo, la facilidad que encuentran los adolescentes para adquirir estos productos, disponibles con frecuencia en tiendas 24 horas o incluso máquinas expendedoras, propicia un consumo despreocupado.

Oferta de vapeadores a la venta

La adolescencia es un periodo vital en el que se producen importantes cambios físicos y cognitivos que determinan, en buena medida, la consolidación del individuo. No es de extrañar que la comunicación y la relación paterno filial experimente cambios, se vuelva más distante y complicada, con momentos tensos y de discusión. La adolescencia implica una diferenciación de los roles familiares en busca de la propia identidad. 

 

Resulta especialmente difícil para las familias ver que sus hijos adolescentes toman malas decisiones y cometen errores evitables. Es fundamental que los progenitores sean pacientes y aprendan a tolerar las decisiones de sus hijos, aunque no estén de acuerdo, con el objetivo de fomentar su autonomía y que aprendan a tolerar la frustración de sus propios errores. Pero, ¿qué hacemos cuando se trata de una conducta de riesgo? En el caso del tabaco, la hora de abordar el tema resulta de utilidad echar la vista atrás y recordar las motivaciones de la adolescencia para lograr comprender conductas inherentes a esta etapa vital y que un primer momento pueden resultar transgresoras, provocadoras y reivindicativas. El sex appeal que despierta el tabaco en la juventud responde a la necesidad vital de diferenciación y búsqueda de una personalidad propia que, en ocasiones, enfrenta al adolescente con los valores y normas familiares establecidas.  

 

No obstante, es conveniente que las familias estén preparadas para afrontar una conversación con los adolescentes cuando tengan la oportunidad. Es posible que tengan conocidos que consuman otras sustancias además del tabaco, como alcohol o cánnabis y nos podemos encontrar que normalicen el uso de estas sustancias, pensando que "todo el mundo lo hace" y minimizando los riesgos del consumo. Elena Flores Márquez, psicóloga clínica de la Unidad de Conductas Adictivas del Adolescente del Hospital Sant Joan de Déu, nos recuerda que los adolescentes son conocedores de los “efectos deseados” de las sustancias, como sentirse relajados, tranquilos o más alegres. Si no hemos hablado de estos efectos antes, nuestro discurso quedará en entredicho. En el caso del tabaco, si nos limitamos a reprobar y prohibir su consumo, sin tener en cuenta la popularidad de su consumo, es posible que nuestros hijos e hijas piensen que no estamos siendo sinceros o que les entendemos.

 

Según recoge el 12 Informe FAROS "Una mirada a la salud mental de los adolescentes", a la hora de disuadir a nuestros hijos de esa primera calada, existen algunas recomendaciones para establecer unos vínculos comunicativos sólidos:

 

  • Enseñarle a distinguir entre diferentes situaciones de riesgo.

  • Resaltar la importancia de tener amigos a quienes les interesen actividades positivas y a evitar aquellos que lo presionen a tomar decisiones peligrosas.

  • Mostrar interés por sus actividades (tanto académicas como extraescolares).

  • Ayudarle a tomar decisiones saludables y, a su vez, animarle a tomar sus propias decisiones.

  • Respetar las opiniones de su hijo, teniendo en cuenta sus ideas y sentimientos (es importante que se sienta escuchado).

  • Ser honesto y directo cuando se aborden temas delicados, como las drogas, el alcohol, el hábito de fumar y el sexo.

Esta información es de carácter divulgativo y no sustituye la tarea de los equipos profesionales de la salud. Si necesitas ayuda, ponte en contacto con tu profesional de referencia.
Publicación:  28/05/2024 Última modificación:  31/05/2024
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